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Accidente Cerebro-Vascula
En general, los hombres que sufren un ictus son mayores, más obesos
y presentan cifras mas elevadas de presión arterial que los adultos
sanos y tienden a ser fumadores y a sufrir al menos una enfermedad crónica.
L os varones que sufren un ictus mortal presentan más síntomas
de ansiedad y depresión. Sin embargo, estos trastornos psicológicos
no estaban vinculados a un mayor riesgo de ataques isquémicos transitorios,
también llamados “mini-ictus”, que con frecuencia son precursores de ictus
con consecuencias más graves.
Aunque aún no se han identificado los mecanismos por los que los problemas
psicológicos influyen en la salud cerebro vascular. Las personas deprimidas
son más propensas a abandonar la medicación hipertensiva. Además
se ha demostrado una asociación entre la depresión y la ansiedad
y los cambios en el sistema nervioso autónomo, que regula la frecuencia
cardiaca y la contracción de los vasos sanguíneos. Estos cambios
pueden influir en la gravedad de los ictus y los infartos de miocardio.
Las personas que desarrollan una depresión luego de los cincuenta años
presentan más probabilidades de padecer un ictus silencioso. En este
tipo de pacientes la depresión podría indicar la presencia de
pequeños trombos o lesiones en los vasos sanguíneos cerebrales,
por lo que debería considerarse, en determinados casos, como una señal
de aviso de la posibilidad de sufrir un accidente cerebro vascular .Tras haber
sufrido un ictus las manifestaciones neuropsiquiátricas más frecuentes
son los trastornos adaptativos que, en mayor o menor grado,
suceden en la mayoría de los casos durante la fase aguda del ACV. Se
manifiestan como reacciones ansiosas depresivas reactivas a la incertidumbre
que origina la propia enfermedad. Suelen ser transitorias y autolimitadas y
no suelen constituir verdaderos problemas. Otra cuestión es cuando el
paciente desarrolla una depresión o un síndrome ansioso severo
que se cronifican, ya que estas situaciones pueden contribuir a ensombrecer
el pronóstico del ictus. Muchos de los trastornos que ocurren durante
la fase aguda del ACV son más frecuentes de lo que se ha venido creyendo
y, si no se aplican escalas apropiadas para evaluar síntomas tales como
desinhibición, negativismo, indiferencia, agresividad, etc., pueden
no ser detectados. Algunos de estos síndromes conductuales, por ejemplo
el negativismo, puede estar relacionado con el desarrollo ulterior de depresión
o ansiedad.
El tratamiento debe iniciarse siempre con medidas de orientación psicoterapéutica,
asegurando el apoyo familar y simultáneamente con la atención
médica y rehabilitadora de los déficit físicos. De este
modo un número no desdeñable de cuadros depresivos reactivos
pueden solucionarse sin necesidad de pasar al siguiente escalón terapéutico,
que es la utilización de fármacos. El tratamiento farmacológico
deberá ser instaurado cuando el estado depresivo se prolongue más
allá de 2-3 semanas, cuando la depresión presente rasgos de tipo
endógeno (despertar precoz, variaciones diurnal, inhibición,
trastornos psicomotores marcados, sintomas psicóticos en ausencia de
síndrome confusional) o bien, cuando su severidad así lo aconseje.
Tanto los antidepresivos tricíclicos y tetracíclicos (amitriptilina,
nortrptilina, imipramina, trazolona), los atípicos (mianserina), como
los inhibidores selectivos de la recaptación deserotonina (ISRS) (paroxetina,
fluoxetina, fluvoxamina, sertralina) pueden ser teóricamente utilizados,
siempre comenzando a bajas dosis y aumentándolas progresivamente, debiéndose
mantener este tratamiento un minimo de 6 semanas.
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Ultima actualización: Thu 05th 2007f July 2007 por Rednodo.com |