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Discomunicacion
y Aislamiento
Una medida de vitalidad de una persona podría
consistir en averiguar la calidad y cantidad de sus relaciones sociales.
Cuando estamos animados tendemos a estar más expansivos,
nos comunicamos más y mejor con las personas que nos rodean,
tenemos interés en cuidar y mejorar el trato humano. Por
el contrario, la reacción más común estando
desanimados es disminuir la búsqueda activa de contacto y
des implicarnos (estar sin estar) en las relaciones que tenemos
por costumbre.
La tristeza invita a un repliegue hacia un intimismo, hacia el Yo
herido, mientras que la alegría busca un tú o un nosotros
con los que compartir, aumentar y difundir la onda expansiva de
la vitalidad interna.
El contacto humano, especialmente en un ambiente acogedor y armónico,
realiza necesidades muy importantes de los seres humanos (condenados
a ser una especie social, mal que nos pese) tales como la necesidad
de apego, seguridad, integración, reconocimiento, valoración
e incluso de identidad (pertenecer a un grupo, no ser un ``don nadie''
anónimo). Por consiguiente, alejarse es una forma de dar
la espalda a estas necesidades, estar ausentes, perder el amarre
que "ser alguien para alguien" nos ata al mundo.
Con cierta frecuencia este aislamiento no sólo es un síntoma
de depresión, sino que también ha sido en buena medida
su causa. La falta de habilidades sociales, especialmente para intimar
y hacer amigos, las dificultades de carácter y maduración,
hacen que nuestras relaciones resulten problemáticas o insatisfactorias,
pobres y decepcionantes. En otras ocasiones nos hemos visto obligados
a empezar de cero por cambios de residencia, estado civil, trabajo,
muertes de seres queridos, las etapas que acaban y hasta los cambios
culturales que no hemos podido digerir, todo ello puede producir
en nosotros pérdidas de identidad y vinculación que
conllevan dosis de frustración, duelo y tristeza.
La persona deprimida es consciente de no estar en su mejor momento
y por ello no resulta tan agradable a los demás. y no quiere
``hacer el papelón'' o ``ser pesada'' o aburrida a los demás.
Pero en cambio, en términos de egoísmo personal, es
una de las cosas que más le pueden ayudar a recuperarse.
Para ser atrevidos cabe tener en cuenta que el grado de ``deslucimiento''
no es quizá tan impresentable como parece a primera vista
-porque los demás tampoco son tan exigentes que nos pidan
estar arrebatados en un aura de genialidad constantemente-, y que
nuestra capacidad de esfuerzo -aceptemos que sea costosa y trabajosa
para nuestro estado depresivo- es sin embargo posible, y podemos
afanarnos al punto de ``parecer'' normales. Esta teatrito de hacer
de normales tiene la inmensa virtud de normalizarnos, de activar
nuestro cerebro en la buena dirección.
Seguramente la capacidad de disfrute esté disminuida, y la
dificultad de concentración haga que en ocasiones perdamos
viveza y capacidad de tomar las cosas al vuelo, pero no obstante
el contacto humano nos calma y nos reconforta. No debemos ser tan
escrupulosos ante nuestros amigos y conocidos que no nos permitamos
abusar un poco de ellos, imponiéndoles con la mayor normalidad
posible nuestra presencia algo sombría: a cambio nos podemos
comprometer a devolverles lo que les quitemos cuando estemos recuperados,
guardando una deuda de gratitud y reciprocidad en las ocasiones
futuras en las que ellos necesiten nuestro apoyo.
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Ultima actualización: Sat 20th 2008f September 2008 por Rednodo.com |