Diagnóstico y tratamiento de la depresión en la edad adulta tardía

Panel de Consenso- Instituto Nacional de Salud- EEUU
Entre sus hallazgos, el panel de Consenso concluyó que:
1. La depresión que se origina en la edad adulta tardía ocurre en el contexto de numerosos problemas sociales y físicos que a menudo oscurecen o complican el diagnóstico e impiden el tramiento de la enfermedad.
2. Dado que no existe un test diagnóstico específico para la depresión, es necesario que se efectúe una evaluación clínica detallada y focalizada en todos los pacientes sospechosos.
3. Los pacientes de edad en los cuales se les diagnostica una depresión deben ser tratados en forma enérgica con dosis adecuadas de antidepresivos y por un período de tiempo suficiente, a fin de maximizar las posibilidades de una recuperación clínica correcta.
4. En estos casos también pueden ser efectivas la electroterapia convulsivante y los tratamientos psicosociales.
5. Las cifras estimadas respecto a la prevalencia de la depresión varían significavemente, pero la incidencia más alta se encuentra en los institutos geriátricos y otras Instituciones similares. En general en las mismas no se encuentra el personal adecuado para el diagnóstico y tratamiento de los pacientes portadores de una depresión.

La depresión

Una enfermedad más, a diagnosticar cuanto antes

La depresión constituye, según los psiquiatras, la enfermedad mental del siglo XX y será la más importante en el XXI. Se estima que entre el 5% y el 10% de los pacientes que acuden a un médico de atención primaria padecen esta dolencia.
La depresión reviste una gran trascendencia social por su elevada incidencia, por el deterioro que causa en la calidad de vida de los afectados, y por los desorbitados costes sanitarios que genera. A los que hay que añadir los costes indirectos producidos por el incremento de la mortalidad que genera, por la disminución de la capacidad productiva de los enfermos y por el aumento del absentismo laboral.
Se confunden la tristeza o la melancolía con la depresión, y lo mismo ocurre con el estrés y la ansiedad, dado que estos procesos presentan síntomas comunes. Pero si son lo mismo ni requieren un tratamiento equiparable. La depresión no entiende de sexos, pero afecta a las mujeres más que a los hombres. Se estima que un 20% de la población femenina la padece en mayor o menor grado, mientras que en la masculina el porcentaje no llega al 9%. Lo preocupante, de todos modos, es que estamos ante un problema que no para de crecer en nuestra sociedad: el consumo de antidepresivos se ha multiplicado por tres en la última década y el de ansiolíticos, por cuatro.
Con frecuencia, la depresión no se diagnostica correctamente en atención primaria en sus primeras manifestaciones, ya que en la mayoría de los casos los pacientes refieren síntomas inespecíficos. Y esto ocurre a pesar de que resulta esencial un diagnóstico correcto nada más iniciarse los síntomas, ya que la depresión tiende a agravarse y, lo que es peor, a cronificarse, con lo que el tratamiento se convierte en más complicado y las consecuencias en más serias.

Para empezar, tristeza

Normalmente, el síntoma inicial es la tristeza, un sentimiento de melancolía y desgana que se va haciendo vez más profundo e intenso a medida que pasan los días. Y va surgiendo el desinterés por las actividades cotidianas, la vida social, la lectura, las aficiones, el trabajo. Aparecen asimismo problemas de concentración en las tareas que la persona desempeña e incluso en la lectura; se van abandonando los proyectos, y comienza a adueñarse de nosotros la percepción de ?no valgo para nada? y de ?nada merece la pena?. El ritmo de sueño se altera, sobreviene la somnolencia intensa al final de la tarde y el insomnio de madrugada, muchas veces con sensación de angustia y ansiedad. Pueden aparecer crisis de llanto sin motivo aparente y todo un cortejo de síntomas: opresión en el pecho, molestias gástricas, sudores, temblores, sensación de mareo, sequedad de boca, dolores de cabeza. Si el cuadro no cede de forma espontánea, y no se trata farmacológica o psicológicamente, acaba produciéndose una pérdida de la autoestima que en los casos más graves puede conducir al intento de suicidio.

La depresión puede aparecer sin causa aparente que la justifique, incluso en personas sin problemas, presuntamente felices, y bien situadas. En otras ocasiones, se desencadena por un determinado episodio o circunstancia: muerte de un ser querido, problemas laborales, divorcio, etc.. y se habla entonces de depresión reactiva, una reacción ante un episodio desgraciado. Lo habitual es que este último tipo de depresión ceda espontáneamente cuando se superan las circunstancias que la han generado, pero también puede cronificarse.

Atención a los síntomas

Deviene estratégico saber reconocer la depresión con los primeros síntomas, para acudir al médico y diagnosticarla correctamente e iniciar la terapia lo antes posible. En ocasiones, la depresión pura, la común, se puede confundir con la llamada enfermedad bipolar, caracterizada por provocar cambios bruscos e injustificados del estado de ánimo. Esta enfermedad, provocada al parecer por el desquilibrio de algunas sustancias químicas cerebrales, origina oscilaciones repentinas que conducen al enfermo de la euforia a la depresión.

Este trastorno bipolar, a menudo infradiagnosticado, afecta a casi un 2% de la población española. Una forma especial de depresión es la llamada post-parto, episodio depresivo mayor que se inicia en el mes posterior al parto. La prevalencia, muy importante, se sitúa entre el 8% y el 15% de las parturientas. La sintomatología puede ser de moderada a grave y afecta a todas las áreas de la persona, incluyendo las relaciones con el bebé. Su causa no está aclarada. El problema radica en que no se diagnostica, y en que pasa muchas veces desapercibida ya que los familiares y el propio afectado atribuyen los síntomas a otras causas: el agobio por la nueva situación, los problemas generados por el bebé... Según las estadísticas, sólo un 10% de las depresiones post-parto se tratan, y lo más preocupante, entre un 20% y un 30% de las depresiones post-parto se cronifican. Atención pues a esas ?depres? post-parto a las que no presta la atención que merecen.

Todas las depresiones deben tratarse

Actualmente, el arsenal de medicamentos antidepresivos es abundante y eficaz, y abarca una amplia lista de sustancias. Los antidepresivos son fármacos que actúan sobre los neurotransmisores, sustancias como la serotonina, la normadrenalina y la dopamina, que las neuronas utilizan para comunicarse entre ellas. Uno de los fármacos más utilizados es la fluoxetina que favorece el aumento de serotonina, regula el estado de ánimo y la energía vital. Su efecto no es inmediato y tarda, desde que se inicia su toma, entre 3 y 4 meses en surtir efecto. El tratamiento debe realizarse siempre bajo control médico. En algunos casos, cuando se trata desde la asistencia primaria y no hay respuesta eficaz al tratamiento inicial, o cuando el paciente presenta ideas suicidas, o la depresión es incapacitante o existen dificultades interpersonales que hacen necesaria la psicoterapia, hay que derivar al psiquiatra.

También está la opción de las psicoterapias, desde la de grupo con la supervisión de un terapeuta, psiquiatra, psicoanalista o psicólogo, hasta terapias individuales como la psicoanalítica, la conductista o la gestáltica.

El tratamiento de la depresión precisa de varios meses de trabajo con el paciente. Un caso leve puede durar de 3 a 6 meses en el mejor de los casos, uno moderado de 6 a 9 meses, y en los casos graves, los síntomas y el tratamiento pueden durar mucho más tiempo, precisando incluso de hospitalización y de terapias más enérgicas a base de varios medicamentos suministrados simultáneamente. En los casos más graves o muy prolongados, puede ser precisa la terapia electroconvulsiva (TEC) procedimiento poco utilizado y que consiste en administrar descargas breves de 3-4 segundos bajo anestesia general en varias sesiones. A pesar de que su tasa de éxito ronda el 85% es una técnica poco utilizada. Afortunadamente, en la mayoría de los casos el apoyo del médico y la medicación son suficientes, pero para ello es fundamental identificar lo antes posible la enfermedad e iniciar rápidamente el tratamiento.

Cómo saber si sufrimos una depresión grave

Según el Diagnostic and Stadistical Manual of Mental Disorders, para cumplir los criterios de ?depresión mayor? el paciente debe tener, como mínimo, cinco de los siguientes síntomas durante un periodo igual o superior a dos semanas. Al menos uno de dichos síntomas debe consistir en estado de ánimo deprimido la mayor parte del día casi todos los días. Los síntomas a vigilar son:

• Estado de ánimo deprimido
• Disminución notable del interés o del placer por las actividades
• Pérdida importante de peso y/o disminución del apetito
• Insomnio o hipersomnia
• Retraso psicomotor o agitación
• Sentimiento de falta de valor o culpa
• Disminución de la capacidad para concentrarse
• Pensamientos recurrentes sobre la muerte o el suicidio.

Descubriendo la depresión en atención primaria

Características diagnósticas


Búsqueda
Resultados
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Direcciones Web de los instrumentos más comunes

La depresión es muy frecuente. En atención primaria, las estimaciones sobre la prevalencia de la depresión mayor varían entre un 5 y un 9%, y eso sólo entre los pacientes. Todos nos hartamos, nos cansamos y nos sentimos desanimados de vez en cuando. Podemos no estar bien, o estar recuperándonos de la última de una larga serie de infecciones virales. Algunas veces podemos esforzarnos, y otras no podemos. El problema para los profesionales de Atención Primaria es diferenciar la depresión de estar harto, si esa depresión implica algún problema no reconocido.

Una nueva revisión sistemática estupenda [1] introduce el tema maravillosamente y nos proporciona una idea clara de los últimos criterios diagnósticos para la depresión además de una buena información sobre el rendimiento de varios sistemas sencillos de diagnóstico y de screening para Atención Primaria.

Características Diagnósticas

Basándose en los criterios del Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales (DSM-IV), se definen 8 síntomas y criterios, junto a la sugerencia de algunas preguntas para los pacientes (Tabla 1). Dependiendo de las respuestas a las preguntas y de la duración de los síntomas, la depresión puede ser mayor o menor, o puede indicar símplemente una distimia (Melancolía, Tabla 2). ¿Pueden ser de alguna ayuda los cuestionarios diagnósticos?.

Búsqueda

Se buscó en MEDLINE y en el registro de ensayos sobre depresión de la Colaboración Cochrane, la existencia de estudios en inglés que evaluasen la aplicación de instrumentos de búsqueda de casos en atención primaria y la fiabilidad de la entrevista clínica. Los instrumentos de búsqueda de casos debían ser fáciles para un nivel cultural medio, ser puntuados sin calculadora, tener un componente sobre la depresión específico y ser evaluados en, al menos, un estudio con un mínimo de 100 sujetos. Los estudios de fiabilidad debían incluir los diagnósticos realizados por dos o más clínicos revisando las entrevistas grabadas en audio o video.

Resultados
Se encontraron once cuestionarios entre uno y 30 items en 28 estudios que incluían cerca de 25.000 pacientes en la búsqueda de casos. Se detectó un sesgo de selección importante en nueve ensayos, que fueron excluidos. Tres instrumentos, Beck depression inventory, Centre for Epidemiological Studies depressive screen and the Zung self-assessment depressive scale se desarrollaron específicamente para identificar la depresión. Ninguno de los instrumentos ocupa más de 5 minutos en administrarse y la mayoría puede realizarse en 2 ó 3 minutos.

Los resultados de la búsqueda de depresión mayor en un escenario de atención primaria se muestran en la Tabla 3, con la media de los cocientes de probabilidad o de verosimilitud para un resultado positivo o negativo. El cociente de probabilidad para un resultado positivo fue de cerca de 3 y para un resultado negativo de cerca de 0.2. En una clínica con una prevalencia del 8% de depresión mayor, un clínico que vea a 100 pacientes a la semana puede esperar que 30 darán positivo en un screening de depresión, de los cuales 7 cumplirían los criterios de depresión mayor tras una valoración más cuidadosa. De los 70 pacientes con un screening negativo, uno presentaría con una depresión clínica.

Escala de Ansiedad y Depresión de Goldberg

Sección coordinada por el Dr. Enrique Cano Romera. Pueden enviarnos a cualquiera de los dos ideas y sugerencias, y aquellos artículos que vean interesantes para publicar:
Página creada el 13-12-1.998.

SUBESCALA DE ANSIEDAD

1. ¿Se ha sentido muy excitado, nervioso o en tensión?
2. ¿Ha estado muy preocupado por algo?
3. ¿Se ha sentido muy irritable?
4. ¿Ha tenido dificultad para relajarse?

(Si hay 3 o más respuestas afirmativas, continuar preguntando)

5. ¿Ha dormido mal, ha tenido dificultades para dormir?
6. ¿Ha tenido dolores de cabeza o de nuca?
7. ¿Ha tenido alguno de los siguientes síntomas: temblores, hormigueos, mareos, sudores, diarrea? (síntomas vegetativos)
8. ¿Ha estado preocupado por su salud?
9. ¿Ha tenido alguna dificultad para conciliar el sueño, para quedarse dormido?
TOTAL ANSIEDAD= _______

SUBESCALA DE DEPRESIÓN

1. ¿Se ha sentido con poca energía?
2. ¿Ha perdido Vd. el interés por las cosas?
3. ¿Ha perdido la confianza en sí mismo?
4. ¿Se ha sentido Vd. desesperanzado, sin esperanzas?

(Si hay respuestas afirmativas a cualquiera de las preguntas anteriores, continuar)
5. ¿Ha tenido dificultades para concentrarse?
6. ¿Ha perdido peso? (a causa de su falta de apetito)
7. ¿Se ha estado despertando demasiado temprano?
8. ¿Se ha sentido Vd. enlentecido?
9. ¿Cree Vd. que ha tenido tendencia a encontrarse peor por las mañanas?
TOTAL DEPRESIÓN=_______

CRITERIOS DE VALORACIÓN

Subescala de ANSIEDAD: 4 o más respuestas afirmativas.
Subescala de DEPRESIÓN: 2 o más respuestas afirmativas.


Escala de Ansiedad y Depresión de Goldberg


La prevalencia de trastornos psicopatológicos en Atención Primaria se sitúa alrededor del 20-30%. Sin embargo, a pesar de ser muy frecuentes, más de la mitad de los casos no son dia~nosticados y tratados correctamente, debido a la frecuente presentación clínica atipica especialmente en las quejas somáticas, entre otros factores1. Si además se tiene en cuenta que el médico de Atención Primaria dispone de un tiempo limitado en la consulta, se entiende la necesidad de disponer de cuestionarios de detección breves y sencillos, apropiados para su utilización en este medio.

La escala de depresión y ansiedad de Goldberg (EADAC) fue concebida para permitir la detección de los dos trastornos psicopatológicos más frecuentes en Atención Primaria.. la ansiedad y la depresión2. Es un instrumento sencillo, breve y de fácil manejo, apropiado para ser administrado por el médico de Asistencia Primaria. Puede servir de guía de la entrevista, aunque sin sustituir a la historia clínica, así como un indicador de la prevalencia y de la gravedad y evolución de dichos trastornos. La versión castellana3 ha demostrado su fiabilidad y validez en el ámbito de la Atención Primaria y tiene una sensibilidad (83.1%), especificidad (81.8%> y valor predictivo positivo (95.3%> adecuados.

INSTRUCCIONES PARA SU ADMINISTRACIÓN

• La administración de estas escalas no substituye a la recogida de la historia clínica. Puesto que su valor predictivo positivo es alto, si el test es positivo existe una alta probabilidad de padecer ansiedad o depresión. La probabilidad es tanto mayor cuanto mayor es el número de respuestas positivas
• La prueba consta de dos subescalas: una para la detección de la ansiedad, y la otra para la detección de la depresión. Ambas escalas tienen 9 preguntas, pero las 5 últimas preguntas de cada escala sólo se formulan si hay respuestas positivas a las 4 primeras preguntas, que son obligatorias.
• El médico debe preguntar al paciente acerca de los síntomas contenidos en las escalas, referi-dos a los 15 días previos a la consulta, debiendo ignorar los síntomas que en el momento actual han dejado de estar presentes o cuya intensidad es leve
• Aunque pueden existir otros síntomas, que deben ser explorados, la puntuación se obtendrá únicamente a partir de los mencionados en las escalas.
• Aunque todos los ítems tienen la misma puntuación, siguen un orden de gravedad creciente, de forma que los últimos ítems de cada escala suelen aparecer en los pacientes con trastornos más graves.


BIBLIOGRAFÍA

1. De la Gándara Ji. Manejo de depresión y ansiedad en atención primaria. Aten Primaria 1997; 20 (7): 389-94.
2. Goldberg D, Bridges K, Duncan-innes P, Grayson D. Detecting anxiety and depression in general medical seftings. Br Medí 1988.97: 897-9.
3. Montón C, Pérez Echeverria Mi, campos R y cols. Escalas de ansiedad y depresión de Goldberg: una guía de entrevista eficaz para la detección del malestar psíquico. Atención Primaria 1993; 12 (6): 345-9.

Trastornos del humor: Las depresiones

Introducción


Los médicos que ejercemos diariamente como médicos generales hemos asistido a una curiosa transformación de la mentalidad social dentro de nuestras consultas. Así como no hace muchos años, al efectuar un diagnóstico de patología psiquiátrica percibíamos en el paciente y su familia la intranquilidad y preocupación lógicas por el futuro desarrollo del proceso, actualmente ciertos pacientes parecen "quedar contentos", casi "presumir", cuando el médico efectúa un diagnóstico como el de depresión.

No es infrecuente que el paciente, preferentemente joven, pero no en exclusiva, acuda a nuestra consulta manifestando explícitamente y de entrada "estoy depre", o frases similares, con la esperanza además, de que se confirme su autodiagnóstico de depresión. La gran mayoría de esos casos no son verdaderamente pacientes afectos de una depresión real. La familiarización y excesiva vulgarización de los temas psiquiátricos llevan a confundir las oscilaciones "comprensibles" del humor, secundarias a acontecimientos vitales, con la depresión, y a buscar, equivocadamente, en la ayuda médica, soluciones a problemáticas sociales y afectivas de la vida cotidiana que no deben ser medicalizadas.

La misma transformación hemos podido observar, sobre todo en mujeres jóvenes, cuando decidida su derivación al Psiquiatra hacen casi exhibición pública de que están siendo tratadas por un psiquiatra, hecho que no hace muchos años, también absurdamente, se ocultaba.

A veces, problemas sociales como la desmotivación del trabajador, el paro, o la inseguridad laboral, parecen empujar al individuo a la búsqueda de soluciones definitivas a su problemática, a través de la certificación del padecimiento de patologías psiquiátricas crónicas. A ello se une que la difícil objetivación de estas patologías parece conllevar cierta permisividad en bajas laborales prolongadas, etc.

Frecuentemente, los progresos terapéuticos, indudables, pero aireados en exceso por la prensa cotidiana, inducen al deseo de la modificación de las expectativas individuales, a través de "la pastilla mágica". Vivimos en una sociedad con rasgos marcadamente hedonistas, en la que la búsqueda de la felicidad es la norma. Hay que recordar, que no se debe medicalizar lo que no es medicalizable, y que sigue siendo dogma en Medicina que lo que no es necesario está formalmente contraindicado.

Se impone la necesidad de distinguir entre "estar deprimido", sensación subjetiva ante variaciones normales del humor, y enfermedad depresiva, conjunto de síntomas susceptibles de tratamiento médico.

Hay que recordar el denominado efecto iceberg de la depresión. Según éste, se calcula que más de la mitad de los pacientes con depresión no acudirán al médico. De los que acuden, sólo a la mitad se les diagnosticará su depresión. De los que se le diagnóstica, a sólo la mitad de ellos se les prescribirá un tratamiento. De ellos, sólo la mitad lo cumplirán. Y de los que lo cumplen, solamente en torno al 70 por ciento responderán adecuadamente. De ello se deriva, que tan sólo entre un 10 y un 20 por ciento de los pacientes con depresión recibirán el tratamiento adecuado.

Dicho de otro modo, son pocos los pacientes deprimidos que se diagnostican y reciben el tratamiento necesario. Esto sucede con mayor frecuencia en los ancianos, por la tendencia errónea a pensar que la vejez es una época de tristeza y amargura, que no pueden ser ayudados en esa situación y la dificultad, por embarazosa, de consultar al médico por tristeza. La mayor prevalencia y tasa de suicidios en este grupo de población les convierte en un grupo de alto riesgo.

Dato a tener en cuenta es que la depresión afecta al funcionamiento global de la persona, tanto o más que otras enfermedades médicas, como la diabetes, las enfermedades cardiovasculares y otras.

Por otra parte, el médico debe ser consciente de que no todos los pacientes que a él acuden lo hacen deseando su rápida curación. La posible ganancia secundaria por la enfermedad debe ser tenida en cuenta. Piénsese que el estar "oficialmente enfermo" puede conllevar ventajas adicionales, como exención de responsabilidades, comprensión y permisividad de pautas de comportamiento no idóneas, elusión de deberes sociales y familiares, obtención de bajas laborales, aumento de cuidados y afectos, etc.

Lo fundamental de estos trastornos es una alteración del humor, (afectividad), que suele acompañarse de la alteración del nivel general de actividad (vitalidad). El resto de los síntomas son secundarios a esas alteraciones o comprensibles en su contexto.

Datos epidemiológicos

Es comúnmente aceptado que al menos una de cada cinco consultas que efectúa el médico general se realiza por una persona que presenta trastornos mentales y del comportamiento, y que entre un 20 y un 25 por ciento de la población general los sufre en algún momento de su vida. De ellos, al menos el 40 por ciento presentarían trastornos afectivos.

La OMS considera que la depresión es, en la inmensa mayoría de los casos, tributaria de ser diagnosticada, tratada y controlada por los médicos generales. No podría ser, además, de otro modo, pues su incidencia haría inoperante cualquier programa de salud mental que pretendiera controlar, exclusivamente con especialistas en Psiquiatría, los trastornos afectivos.

De hecho, la incidencia de las depresiones en la población general se sitúa, según diversos autores, entre el 6 y el 10 por ciento, con un mayor predominio, algo más del doble, en el sexo femenino, y con especial incidencia para la aparición del primer episodio en el sector de los adultos jóvenes (de 18 a 44 años).
La mayoría de estos trastornos tienden a ser recurrentes, y si bien el 65-75 por ciento de los enfermos responden satisfactoriamente a un tratamiento psicofarmacológico correcto, encontrándose libres de sintomatología entre los episodios, alrededor del 30 por ciento de los pacientes con depresión mayor se cronifican.

Su aparición, sobre todo en el caso de los primeros episodios, suele estar relacionada con acontecimientos vitales o situaciones estresantes para el individuo que parecen actuar más como desencadenantes del cuadro clínico que como auténticos factores etiológicos.

El riesgo de suicidio entre los pacientes depresivos se estima en torno al 15 por ciento. De todos los pacientes que logran consumar el suicidio, entre un 60 y un 80 por ciento son depresivos.

Probablemente, la depresión es la enfermedad mental que mayor sufrimiento y dolor moral origina, tanto en la persona que la padece como en su grupo familiar y social.

TRASTORNOS AFECTIVOS EN ATENCIÓN PRIMARIA

ÁREA TERAPÉUTICA
Sistema Nervioso Central


OBJETIVOS
De todos es sabido la importancia que la depresión tiene en el quehacer diario de los médicos de Atención Primaria. Esta importancia se deriva de su elevada incidencia, de su curso crónico, de los trastornos físicos y sociales asociados a ella y del elevado riesgo de suicidio con el que se asocia.


- Mejorar la capacidad de evaluación clínica del Médico de Familia en pacientes con trastornos afectivos y depresión en base al dominio de criterios diagnósticos adecuados.
- Establecer con claridad las pautas terapéuticas adecuadas de los diferentes trastornos afectivos (terapias biológicas, psicológicas, medidas educacionales, etc.)
- Fijar los criterios de derivación del paciente al especialista.

Módulos

UNIDAD I
El objetivo de esta Unidad es actualizar la información relativa a la epidemiología y etiopatogenia de la depresión y la distimia.

UNIDAD II
El objetivo de esta Unidad es mejorar las capacidades diagnósticas en relación a los trastornos afectivos

UNIDAD DIDACTICA III
En la última el objetivo es profundizar en el estudio de la sintomatología y manejo de los trastornos afectivos, en situaciones específicas.

Uno de los trastornos afectivos más vistos en las consultas del médico general es la depresión, patología que, como recomienda la OMS y suscribe la SEMG, en la mayoría de los casos debería ser diagnosticada, tratada y controlada por médicos generales.En la misma línea, esta sociedad científica asegura que hay que potenciar el diagnóstico de una enfermedad que aunque afecta al funcionamiento global de la persona, tanto o más que otras enfermedades médicas como la diabetes o las enfermedades cardiovasculares, está significativamente infradiagnosticada. En este sentido, los expertos hablan de lo que se ha denominado el efecto iceberg de la depresión.

Según éste, se calcula que más de la mitad de los pacientes con depresión no acude al médico. De los que acuden, sólo a la mitad se diagnosticará su depresión. De aquellos a los que se les diagnostica, a sólo la mitad se prescribirá un tratamiento. Sólo la mitad de éstos cumplirá el tratamiento. Y de los que lo cumplen, solamente un 70 por ciento, aproximadamente, responderá de forma adecuada. Según la SEMG, de todo esto se deriva que tan sólo un 10-20 por ciento de los pacientes con depresión recibirá un tratamiento adecuado y que son pocos los que son diagnosticados.

En general, se calcula que la incidencia de la depresión oscila entre el 6 y el 10 por ciento de la población con un predominio de algo más del doble si sólo se observa el sector poblacional femenino.La mayoría de estos trastornos depresivos son recurrentes. De hecho, se estima que el 50 por ciento de los episodios tendrá recurrencia en un segundo. Después de este segundo episodio, el 70 por ciento de los pacientes tendrán recurrencia en un tercero, y así progresivamente. Sin embargo, el tratamiento farmacológico actual permite al enfermo responder satisfactoriamente y encontrarse libre de sintomatología entre episodios.


Aún así, el 30 por ciento de las depresiones se cronifican.La importancia de llevar un diagnóstico precoz de la enfermedad y aplicar un control adecuado del paciente desde el principio radica, en opinión de los expertos de la SEMG y entre otras cosas, en el hecho que los primeros episodios depresivos suelen ser más sencillos y controlables. Así, después de un primer episodio, si éste dura entre 3 y 6 meses, se calcula alcanzar una la remisión en un 50 por ciento de los casos, mientras que si dura más de 2 años sólo se conseguirá que remitan entre un 5 y un 10 por ciento de los pacientes. Por tanto, para la SEMG, el médico de Atención Primaria, primer eslabón de la escala asistencial, debe disponer de los recursos y la información necesaria para detectar tempranamente los pacientes depresivos que acuden a su consulta. Y entre lo que debe tener claro los especialistas del Grupo de Salud Mental de la SEMG apuntan la necesidad de prevenir estas patologías con medidas higiénico dietéticas y actitudes de vida saludables, "mucho más influyentes", afirman, "de lo que la gente se piensa".

Sin embargo, cuando el cuadro depresivo se complica el profesional de la medicina general deberá valorar la posibilidad de derivar al especialista. Entre otros casos, el "Manual de Habilidades en Salud Mental para Médicos Generales" cita situaciones como presencia de un difícil diagnóstico diferencial, manifestación explícita, por parte del paciente, del deseo de acudir al psiquiatra, cuadro clínico-psicopatológico complejo, existencia de un grave riesgo en la valoración suicida, cuando hay escaso apoyo familiar o cuando el paciente se resiste a la terapéutica habitual.

Transtorno Bipolar

El trastorno bipolar, más que una depresión. Por otro lado, una depresión grave guarda una estrecha relación con otro trastorno mental que, aunque de incidencia menor, su repercusión en la salud del paciente es mayor y, por tanto, estará generalmente controlado por el especialista.
Se trata del trastorno bipolar, un trastorno que afecta a un 1-1,5 por ciento de la población general y que, a diferencia de la depresión, no cuenta con diferencias significativas en lo relativo al nivel cultural o sexo. Según la SEMG, no obstante, el médico general deberá intervenir en ocasiones de urgencia o cuando el diagnóstico no sea conocido. En cualquier caso, esta sociedad científica aboga por potenciar, como medida fundamental, el trabajo coordinado entre el psiquiatra y el médico de Atención Primaria en el control de estos pacientes. El trastorno bipolar es un tipo de trastorno afectivo en el que los pacientes presentan episodios de depresión y maníacos, de modo que, tal como recoge el manual de la SEMG, su manejo requiere no sólo el tratamiento de estos episodios sino la prevención de los mismos. Los factores genéticos son muy importantes en el desarrollo de esta patología y es frecuente que existan antecedentes familiares de la misma.



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