Perfil de un Niño Deprimido

Un niño que jugaba a menudo con sus amigos empieza a pasarse la mayor parte del tiempo solo y pierde interés por todo. Las cosas de las que disfrutaba previamente ya no le dan placer al niño deprimido. Los niños y adolescentes deprimidos dicen a veces que quisieran estar muertos o pueden hablar del suicidio. Los adolescentes deprimidos pueden abusar del alcohol o de otras drogas tratando de sentirse mejor.
Los niños y adolescentes que se portan mal en la casa y en la escuela pueden estar sufriendo de depresión sin que nadie se dé cuenta de ello. Los padres y los maestros no se dan cuenta de que la mala conducta es un síntoma de depresión porque estos niños no siempre dan la impresión de estar tristes. Sin embargo, si se les pregunta directamente, los niños algunas veces admiten que están tristes o que son infelices.
El diagnóstico y tratamiento temprano de la depresión es esencial para l os niños deprimidos. Esta es una enfermedad real que requiere ayuda profesional. Un tratamiento comprensivo a menudo incluye ambas terapias, individual y de familia. Puede también incluir el uso de medicamentos antidepresivos. Para ayudarles, los padres deben pedirle a su médico de familia que los refiera a un psiquiatra de niños y adolescentes, quien puede diagnosticar y tratar la depresión en niños y adolescentes.

El adolescente

La depresión en los adolescentes es más compleja, más fastidiosa y, crecientemente, ubica al paciente en situación de mayor riesgo de cometer suicidio que en los pacientes de mayor edad. El desarrollo normal y los trastornos del desarrollo confunden y complican el curso de la depresión de un adolescente, tornando problemático el diagnóstico y dificultando el tratamiento. A menudo es necesario derivar al adolescente que padece depresión crónica o prolongada, pero la depresión aguda a veces puede ser tratado por el médico clínico. La distinción diagnóstica, de menor importancia en los pacientes de mayor edad, es por lo tanto de gran importancia en el adolescente. También es importante en la adolescencia la ocurrencia de depresión encubierta –a veces llamada equivalente depresivo- que aparece cuando se emplea la conducta de actuación – “Acting out”- como escudo contra la depresión.

Depresión aguda

Como sucede con los adultos, la depresión aguda generalmente se precipita por una pérdida significativa que conduce al colapso del sistema de defensa del niño, ya de por sí más frágil que en los adultos. Algunos de los síntomas de la depresión de los adolescentes –aguda o crónica- son parecidos a los de los adultos, otros síntomas son diferentes.

Síntomas equivalentes en los adultos: llanto, postura y semblante triste, trastornos somáticos, enlentecimiento de los movimientos, falta de deseo de realizar actividad constructiva.

Variaciones en los adolescentes: negación de los sentimientos de tristeza o de desesperanza, actitud y conducta de desamparo pero negación de la misma, quejas de aburrimiento.

Síntomas de la conducta: comportamiento agresivo, desobediencia, escaparse, comportamiento provocativo, mal humor, ataques temperamentales.

Problemas escolares: deserción escolar, trastornos de la conducta y del aprendizaje, indiferencia al éxito, evitación de los pares y de las actividades grupales.

Las pérdidas que más frecuentemente precipitan una depresión aguda en un adolescentes son la muerte del padre o madre o de algún otro miembro familiar (importante), divorcio o separación, enfermedad grave u hospitalización de algún progenitor. El tratamiento, que apunta a evitar que la depresión se transforme en una variedad crónica, consiste en reconocer abiertamente el problema y en ayudar al adolescente a manejar su aflicción. En la entrevista, el médico debe proporcionar información y confianza:

  1. El adolescente debe conocer y comprender los motivos –médicos o sociales- de la pérdida o separación.
  2. El adolescente debe recibir seguridad de que su vida no continuará siendo una vida con pérdidas.
  3. El adolescente deber recibir seguridad de que es amado y/o que merece ser amado y que no se quedará solo.

Por supuesto serán necesarias las entrevistas familiares, y puede ser probable llegar a intervenir la vida familiar. A menudo la familia y el adolescente mismo creen que son más capaces de andar sólos y de cuidarse a sí mismos, de lo que psicológicamente está probado durante una emergencia.

Otras pérdidas, que los adultos con menor probabilidad reconocen como traumáticas, incluso importantes, pueden también precipitar una depresión aguda en un adolescente: rechazo de novio o novia, inicio de la pubertad (que causa pérdida de la imagen corporal), embarazo, sentimientos homosexuales, fracaso en actividades consideradas importantes por el adolescente, rechazo por un grupo de pares. Los sentimientos respecto a tales pérdidas pueden ser ignorados o ridiculizados por adultos a cargo, que tienden a subestimar los problemas sociales y el alboroto emocional del adolescente. El médico que sospecha la presencia de depresión debe ser comprensivo con la percepción de pérdida del adolescente y debe tratar la situación de pérdida con la seriedad que trataría una situación de muerte o divorcio. El médico no tiene por qué estar de acuerdo con la postura moral del paciente adolescente, pero debe permitirle expresar sus propios valores, especialmente en relación a sus sentimientos y temores. La depresión precipitada por pérdidas aparentemente menores, los sentimientos de rechazo, el ser desplazado y la soledad puede, sin un tratamiento, tornarse crónica o puede resultar en un intento de suicidio.




Demasiado a menudo, la primera vez que el médico general ve al paciente adolescente deprimido es después de un intento de suicidio. Todos esos intentos, y todos los accidentes sin causa, deben ser analizados seriamente incluso cuando evidentemente sean para llamar la atención. Muchos médicos sugieren que los pacientes adolescentes que hacen un intento de suicidio deben ser hospitalizados tan pronto sea posible, aunque sea sucintamente, para hacer evidente una real aceptación de los problemas del paciente y para proporcionar un entorno protector.

Una vez que el médico clínico sospecha firmemente o diagnosticas una depresión aguda, debe informarse a los familiares del diagnósticos y la necesidad de que el paciente reciba tratamiento. Debe tenerse en cuenta la derivación, para evaluar y recibir orientación sobre la elaboración de un plan de tratamiento. Si el médico descubre un intento de suicidio, debe informar a los familiares de inmediato y debe considerar la posibilidad de derivar al paciente.

Depresión crónica

Los síntomas de depresión crónica en el adolescente son en general más vegetativos que aquellos de la depresión aguda. El paciente se encuentra más retraído, menos activo desde el punto de vista social, en realidad menos activo en general, y está aparentemente más desamparado que el paciente con depresión aguda. Los síntomas somáticos son a menudo equivalentes a aquellos de la forma aguda, pero los problemas de conducta son en general, pero no siempre, menos floridos. Los antecedentes del niño típicamente muestran pérdida o separación precoz, antecedentes de abuso o abandono evidente, o una familia con pautas extremadamente rígidas. Los niños con impedimentos de cualquier tipo, enfermedades crónicas, o deformidades, cuyas familias son “diferentes” o vistas como tal por los pares del paciente, presentan especial riesgo de padecer una depresión crónica. Estos niños se ven como negativamente diferentes de aquellos que los rodean, a menudo se sienten en falta o indignos, incluso en las situaciones en las que, objetivamente no se les puede atribuir ninguna culpa y, con frecuencia, empiezan a tener sentimientos de reducida autoestima, de desamparo y de desesperanza.

Depresión encubierta en adolescentes

La depresión encubierta en adolescentes es un problemas habitual a menudo no detectado, en los adolescentes. Para esconder su depresión, y para protegerse del dolor de la depresión, de la soledad y de la carencia de autoestima, muchos adolescentes recurren a malestares somáticos y conducta de actuación (“Acting out”) sin jamás manifestar abiertamente sus sentimientos o expresar sus síntomas emocionales de la depresión.

Sintomatología habitual en la depresión del adolescente

Somática

  • Dolor abdominal
  • Vómito
  • Anorexia
  • Bulimia
  • Cefaleas
  • Hipocondriasis

Actuación (“Acting out”)

  • Abuso del alcohol y toxicomanía
  • Agresión, violencia, peleas, arranques de cólera
  • Hurto
  • Escapismo
  • Actos de prepotencia
  • Mentir
  • Delinquir

Muchos de estos trastornos de conducta podrían reflejar “desviaciones” del desarrollo de carácter transitorio, pero cualquier dificultad que se prolonga varios meses, que afecta la conducta del adolescente en distintos ámbitos (colegio, hogar, diversiones) y que tiene fuerte influencia en la vida familiar debe recibir una rápida atención. Debe especialmente tratar de determinarse si se ha producido o no una pérdida –o una percepción de pérdida por el niño-, como también cualquier expresión de sentimientos de depresión de una manera más directa. A menudo es necesaria la intervención de un psiquiatra para ayudar al adolescente a que encuentre mejores formas de manejar estos sentimientos. A raíz del elevado riesgo de suicidio que presentan los pacientes con actuaciones de violencia por la depresión, debe tenerse en cuenta la depresión como diagnóstico diferencial de los adolescentes con trastornos de conducta y malestares orgánicos inexplicables.

Pacientes sometido a stress

Es ampliamente aceptado que el stress puede generar depresión además de otros trastornos emocionales y clínicos. Habitualmente se incluye el cuadro de depresión dentro del diagnóstico diferencial de los pacientes que presentan malestares orgánicos indefinidos después de la muerte de un ser querido, después de divorcio o separación, o frente a la pérdida de un empleo. Sin embargo se pasan por alto muchas otras situaciones estresantes, todas generadoras de depresión para algunos pacientes como causas posibles de una depresión reactiva. Cuando se sospecha estar frente a una depresión, pero no se han detectado circunstancias desencadenantes, un cuidadoso interrogatorio puede otorgarle una oportunidad al paciente para revelar una situación de stress acontecida en fecha reciente, con lo cual facilita al médico la elaboración del diagnóstico. Aunque el paciente no diga “esto fue doloroso”, porque a menudo no reconoce o admite la magnitud de la situación estresante, puede interpretarse la importancia de la situación por la forma en la cual se expresa el paciente cuando se refiere a dicho acontecimiento. El paciente puede cambiar el tono de voz, modificar su postura o, repentinamente, mirar o alejar la vista del médico alertándolo de esta forma sobre la presencia de información delicada.

La mayoría de las personas empiezan a sufrir síntomas fisiológicos y psicológicos de depresión –alteración de los hábitos alimentarios y del sueño, pérdida del interés por la vida, llanto, aislamiento social, tristeza- en respuesta a stress intenso, a una gran pérdida o a un importante disgusto. La diferencia esencial entre la aflicción y el síndrome psiquiátrico de depresión es el contenido de pesimismo. De desesperanza que acompaña al segundo. Las personas deprimidas no sólo se sienten tristes, sino que además creen que siempre se van a sentir de ese modo, a pesar de lo que se haga para ayudarlas. Además las reacciones normales de pesar rara vez están asociadas con ideas de auto agresión o de temor a la locura; hay en general menor número de síntomas y de carácter menos florido, y el acceso es de menor duración. La aflicción generalmente se resuelve espontáneamente en un lapso de tres a seis meses durante el cuál hay una mejoría creciente en el estado de ánimo y el grado de socialización del paciente. A menudo el único tratamiento necesario por parte del médico suele ser el tranquilizar al paciente y esperar atentamente para estar seguro que evoluciona la mejoría y que no están gestándose nuevos síntomas y de mayor complejidad.

Durante las primeras entrevistas con un paciente que haya sufrido una pérdida, debe tenerse en cuenta la posibilidad de que se haya activado o intensificado una depresión patológica, previamente no diagnosticada, por el proceso normal de aflicción o pesar. Los pacientes con depresiones preexistentes reaccionan con síntomas de mayor intensidad que otros pacientes que han experimentado pérdidas, especialmente en lo referente a culpa y auto reproche (o auto punición. Si existen síntomas de una depresión preexistente, la misma debe ser tratada.

Los hombres no se angustian por los acontecimientos en sí, sino por la visión que tienen de estos “

Epitectus, The Enchiridion

Tristeza normal o depresión patológica?

Algunos médicos ven que la tristeza y la depresión patológica son entidades distintas. Otros médicos conciben a la tristeza y a la depresión patológica como los dos extremos de un mismo proceso, considerando que la depresión es una tristeza intensificada. Se crea la necesidad de una distinción diagnóstica por los inevitables esquemas de tratamiento. Tratar las reacciones de pesar en el momento que no corresponde –demasiado temprano o demasiado tarde- puede intensificar los síntomas y confundir el perfil clínico.

Presisposición genética

Los estudios han mostrado muchas veces que la depresión se presenta en familias. Los adolescentes cuyos padres sufren de depresión, o cuyos padres la sufrieron cuando eran adolescentes, tienen más del 50% de probabilidades de también sufrirla.

Ultima actualización: Thu 27th 2014f November 2014 por Diseño Web Rednodo.com

  Copyright 2003 /  Web Design Rednodo.com